Una apuesta por el jazz. Tiene la pausa y los detalles de las series grandes. Su trama, sin embargo, amenaza con devorarse a sí misma.
Veremos.
Los caóticos, y maravillosos, títulos de crédito.
Una apuesta por el jazz. Tiene la pausa y los detalles de las series grandes. Su trama, sin embargo, amenaza con devorarse a sí misma.
Veremos.
Los caóticos, y maravillosos, títulos de crédito.
Magistral. Sin tabúes, sin concesiones. Le sobran escenas de esas que sólo se guardan donde se guardan los grandes momentos del cine.
Asfixiante. Un retrato desesperanzado, cruel, que sorprende dejándose llevar a veces por cierto surrealismo. Su puesta en escena juega un papel decisivo en este sentido. Sobria, elegante, pero siempre en sombras, escondiéndose. Se beneficia de una época que hace que todo parezca un poco más de lo que realmente es.
La actuación de Paddy Considine, protagonista de la segunda entrega, me la guardo en un lugar especial.